miércoles, abril 01, 2026

Crónicas de vacaciones: Lamine

 Puede llamars Lamine, Ahmed o Ibrahim. Este último, en la última visita a mi instituto,  me dijeron que se había ido a Alemania. Es de los alumnos más respetuosos que tuve. Le decía que esperara a que se hicieran las almendras. Él me decía que se las comían amargas. ¡Hostias tio, pero no tanto! y me acercaba una

  Con el segundo al lado de casa, café mientras pueda, miel de mi pueblo, la mejor del mundo y galletas pese a que no comprendía una situación y se habló.

   A Lamine, cuidarle y humanizarle. Maravilloso en el juego y consecuente en la vida. 

 Ojalá hace 44 años, a los 20, hubiera cuidado a José para que no muriera en aquel accidente.

  Se ha hecho humano sabiendo de donde viene, donde está y quienes le rodean en lo bueno y malo.

   Disfrutemos en su juego y no dudemos en afirmar que con Joseph,  el corredor-entrenador que sonríe al hacer algunas de las bromas que amo hacer con él, les necesitamos.

  Y si estamos con ellos,  callarse no es una opción cuando la violencia la ejercrn sobre uno mismo. Esperar que firmen los violentos  su defensa de los balonazos es una grandeza que no tienen y esperar sus reacciones airadas, por su impunidad y el silencio cómplice, algo a esperar.

  Y si, feliz de "hasta aquí hemos", mas feliz que una perdiz e intentando no perder la dignidad que no siempre se ha conseguido pero nunca se ha sido indiferente y como el padre del escritor, cuando una banda de niños, entre los que se encontraba él, en Colombia acosaba a una familia judía. 

Le cogió con firmeza y le llevo ante el padre de familia Musiewiz y le hizo que se disculpara. Lo hizo y no volvió hacerlo ni él, ni los amigos que contemplaron la contundencia del ilustre profesor. 

 Existen grandezas que se repiten poco y muchos no están preparados para tenerla. 

 Es humanidad

   

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